El arte de coordinar nuestras voces internas
Dentro de cada uno de nosotros hay un condominio. No se nota de inmediato: desde fuera se percibe una sola persona, un edificio compacto. Pero quien habita realmente ahí dentro sabe que hay muchas unidades, y que cada una alberga a un inquilino distinto.
Está el apartamento del deseo, siempre encendido, lleno de propuestas; el del impulso, que sale sin avisar; está el del miedo, que mantiene las persianas bajadas incluso en los días más soleados. Y luego están los espacios de la memoria, de la intuición, de la rabia, del placer… todos presentes, cada uno con su ritmo, sus necesidades, su voz.
Cuando falta coordinación, el condominio se vuelve ingobernable: cada uno toca el timbre, exige, discute, toma decisiones en nombre de todos. Es el caos, una invasión de voces sin armonía.
Por eso, tarde o temprano, cada persona necesita elegir a su propio administrador interior. No un tirano, ni un juez severo, sino una figura de confianza, consciente, llamada a recoger opiniones, escuchar a los habitantes y orientar las decisiones. El administrador no nace por sí solo: hay que hacerlo emerger, reconocerlo, y hablarle como si fuera real, pedirle consejo, mantenerlo despierto.
Pero atención: el administrador también necesita práctica. Se forma con la experiencia, crece con la escucha, se afina con la observación. Porque cada condominio es distinto, no hay reglas generales, y habrá días en los que un inquilino más ruidoso intentará tomar el control: la ansiedad, la euforia, la rabia. Será la autoobservación —silenciosa, vigilante, honesta— la que nos hará notar el desequilibrio, la que nos recordará que podemos devolver la palabra al centro, recurriendo al administrador.
El corazón tiene razones que la razón no entiende Blaise Pascal
Cuando el equilibrio funciona, todo fluye: los inquilinos se consultan sin confundirse, las decisiones nacen de un diálogo silencioso pero presente. No hace falta llamar a nadie al orden: cada uno conoce su lugar, y el administrador hace su trabajo con discreción. Es en esos momentos cuando nos sentimos más íntegros, más presentes en nosotros mismos.
No porque todo sea fácil, sino porque hay una dirección interna que sostiene la complejidad con lucidez y cuidado. Invisible, pero decisiva.
Preguntas para ti:
- ¿Estás gobernándote de verdad o estás a merced del inquilino más ruidoso?
- ¿Quién toma las decisiones cuando tú no estás?
- Si tuvieras que elegir el administrador de tu condominio, ¿a quién emplearias?
- ¿Ya has tomado en tus manos la administración de tu condominio interior, o sigue reinando el desorden entre las distintas unidades?
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Cuéntanos quién habla más fuerte dentro de ti, quién media, quién calla. Así comienza el verdadero diálogo.
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Etiquetas: atención plena, autoconocimiento, mentalidad de crecimiento, transformación personal
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Mauro Bonello es formador y coach certificado con casi 30 años de experiencia. Promotor y curador de iniciativas editoriales, se desempeña también como brand ambassador de Primum Movens. Actualmente es el director responsable de GOTA, la revista cultural digital dedicada al crecimiento personal, la reflexión y el bienestar.
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