Gotas

La plaza y el feudo

Relaciones / 23/05/2025

Sobre la libertad, la presencia y el control en la era digital

Estamos presentes, siempre. O al menos lo intentamos. 
En un tiempo en el que no estar en línea equivale casi a no existir, publicamos contenido no tanto para comunicar, sino para dar testimonio de nuestra existencia. Una publicación no dice: “quiero hablar contigo”, sino: “aquí sigo”.

Pero, ¿a quién pertenece, en realidad, este “aquí”?

Somos lo que Adrian Fartade denomina siervos de la gleba digital. Habitamos parcelas virtuales en concesión. Cada cuenta es un pedazo de tierra que no poseemos: podemos cultivarlo, pero la cosecha enriquece a otro. Nuestro valor —likes, comentarios, visualizaciones— es un valor extraído, monetizado en otro lugar.

En esta economía de la visibilidad, somos productores inconscientes de contenido y, al mismo tiempo, consumidores voraces de sentido. Pero la libertad, la verdadera, se vuelve delgada. Para evitar la “pena de muerte digital” —el cierre de la cuenta, el exilio algorítmico— aprendemos a hablar con asteriscos, a endulzar el disenso, a respetar reglas escritas y sobre todo no escritas, cada vez más opacas.

Y como si no bastara con cuidarse del señor feudal, también hay que temer al vecino. Como en las viejas dictaduras, basta con despertar la envidia o la antipatía equivocada para que alguien, tras una pantalla, pulse “denunciar”.
El control no viene solo desde arriba, sino desde los costados. Es una vigilancia distribuida, hecha de ojos invisibles y juicios instantáneos.

El poder ama servirse de los ojos del vecino.

Así, la plaza digital no es una comunidad: es una multitud. Una plaza antigua, más parecida a las reales del pasado que a un salón educado.
Ahí encuentras a quien pasea y a quien mendiga, a quien se exhibe y a quien muere de hambre, a quien da a luz nuevas ideas y a quien es lapidado con un clic.

Estar presente ya no significa ser visto.
Quien no está, parece ausente.
Quien está, puede perderse en el ruido.

La pregunta, entonces, ya no es si estar o no sino:
¿Cómo estar sin convertirse en un fragmento más entre millones?
¿Cómo hablar sin prestarse solo a la máquina?
¿Cómo seguir siendo humanos en una plaza donde cada gesto puede convertirse en moneda, mercancía o condena?

hombre espiando en las redes sociales
¿Quién te observa cuando publicas?

Las palabras también tienen dueño.
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Mauro Bonello
Mauro Bonello es formador y coach certificado con casi 30 años de experiencia. Promotor y curador de iniciativas editoriales, se desempeña también como brand ambassador de Primum Movens. Actualmente es el director responsable de GOTA, la revista cultural digital dedicada al crecimiento personal, la reflexión y el bienestar.




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4 Comentarios

en 03/06/2025

Un texto que da mucho que pensar. Es verdad: en las redes parece que estamos presentes, pero muchas veces solo somos parte del ruido. La verdadera libertad digital es cada vez más difícil de encontrar.

    Avatar de Gota
    en 03/06/2025

    Gracias por leer y por tu reflexión. Justamente, creo que el gran reto es no perderse en ese ruido y buscar formas de estar presentes de manera auténtica. La libertad digital requiere conciencia y esfuerzo; ojalá no dejemos de buscarla.

en 03/06/2025

Muy buen análisis. Me hace reflexionar sobre cómo la presencia digital puede ser solo una ilusión y cómo el control y la vigilancia afectan nuestra libertad. Importante no olvidar lo que significa realmente ser humanos en este entorno.

    Avatar de Gota
    en 03/06/2025

    Gracias por tu comentario. Es cierto, la presencia digital muchas veces es solo una máscara, una forma de participación que no siempre refleja una verdadera libertad o autenticidad. Hoy, la libertad de expresión en línea es un tema central y muy debatido, porque las plataformas digitales, aunque privadas, tienen un gran impacto en cómo podemos manifestar nuestro pensamiento. Por eso, creemos que es fundamental seguir cuestionándonos cómo mantenernos humanos y conscientes en estos espacios, sin dejarnos reducir a simples números o perfiles entre millones.



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