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El supremo arte de condicionar a los niños

Crecimiento / Cultura / Ideas / 10/06/2025

Cómo un cuentecillo podría salvar el mundo (sin que nadie se dé cuenta)

Me encontraba el otro día observando a una niña que, al ver un huevo Kinder, se puso a aplaudir con tal fervor que parecía estar asistiendo al estreno del Teatro Real. Ahora, podrías preguntarte qué tiene de extraordinario esta escena doméstica, tan común que resulta casi invisible. Sin embargo, en ese gesto aparentemente banal, se ocultaba un misterio digno de los más refinados tratados de filosofía comportamental.

Esa niña, verás, no había nacido con el instinto innato de venerar los huevos de chocolate. Ningún gen de su doble hélice contenía la información «aplaudir ante los dulces Ferrero». Su entusiasmo era el producto de un sabio – aunque inconsciente – proceso de construcción cultural que, por su elegancia y perfección, merecería ser estudiado en las academias.

Del arte sofisticado del condicionamiento (que nadie llama jamás arte)

Aquí entra en juego lo que los pedantes llaman «condicionamiento clásico» y que yo prefiero definir como el arte supremo de enseñar al mundo qué merece nuestros aplausos. Porque es precisamente de esto de lo que se trata: una pedagogía del deseo que se disfraza de espontaneidad.

El huevo Kinder no posee cualidades intrínsecas superiores a las de, digamos, un cuentecillo. Pero mientras el primero se presenta con fanfarrias emocionales, sonrisas radiantes y rituales de anticipación, la segunda – ay – se ofrece a menudo como un consuelo para niños inquietos, una especie de aspirina cultural para almas demasiado vivaces.

Sin embargo – y aquí está el punto que debería hacer temblar los fundamentos de nuestra civilización consumista – ¿qué ocurriría si invirtiéramos esta jerarquía simbólica?

Del sublime experimento que nadie se atreve a intentar

Imagina, si puedes, un mundo donde los niños se pusieran a saltar al oír el anuncio: «¡te voy a contar un bellísimo cuentecillo!» Un mundo donde la anticipación del placer no estuviera ligada al consumo de azúcares, sino a la escucha de rimas que danzan en el aire como mariposas verbales.

No se trata de ciencia ficción, sino de una simple reorientación de nuestros mecanismos de refuerzo. Si la niña del huevo Kinder ha aprendido a asociar ese cascarón colorido con la felicidad a través de repetición y contexto social positivo, la misma alquimia podría transformar una cuarteta en un tesoro más codiciado que cualquier dulce.

Cuando un niño prefiere un cuento a un caramelo, la humanidad elige creatividad sobre consumo.

De las consecuencias inimaginables de un gesto aparentemente inocuo

Ahora, podrías objetar: «¿pero qué diferencia haría jamás?». Oh, mi estimado incrédulo, déjame contarte de las maravillas que podrían brotar de esta aparente nadería.

Primero: crecería una generación de seres humanos cuya memoria estaría entrenada no por la publicidad televisiva, sino por la musicalidad del lenguaje. Niños que harían competencias de rimas en lugar de meriendas, que desarrollarían el oído para la belleza verbal como otros desarrollan la dependencia de la fructosa.

Segundo: asistiríamos al retorno de la tradición oral, no como reliquia museística, sino como moneda corriente del placer cotidiano. Cada abuelo se convertiría en un narrador profesional, cada niñera en una poetisa, cada momento de espera en una ocasión para tejer palabras como perlas de un collar infinito.

Tercero – y aquí la cosa se vuelve verdaderamente interesante – tendríamos adultos criados en la idea de que el placer más intenso deriva de la creatividad compartida antes que del consumo solitario. Piensa en las implicaciones: una sociedad donde el entretenimiento principal no sea mirar una pantalla, sino crear juntos historias, rimas, juegos de palabras.

De la paradoja de la revolución invisible

He aquí lo bello: esta revolución sería tan silenciosa que resultaría casi imperceptible. Ninguna barricada, ningún manifiesto, ninguna ideología proclamada. Solo madres, padres, abuelos y maestros que deciden entusiasmarse por un cuentecillo con la misma intensidad con que normalmente se entusiasman por un helado.

Y mientras la industria dulcera lloraría la pérdida de pequeños consumidores, la humanidad entera ganaría generaciones de seres humanos más creativos, más atentos a la belleza del lenguaje, más inclinados al compartir que al consumir.

La paradoja es que para cambiar el mundo no haría falta cambiar las leyes o las instituciones: bastaría con cambiar el tono de voz con que decimos «te voy a contar una historia».

De la urgencia de este experimento (antes de que sea demasiado tarde)

Mientras lees estas líneas, millones de niños están aprendiendo a aplaudir por cosas que los convertirán en consumidores más dóciles antes que en seres humanos más creativos. Cada huevo Kinder que triunfa sobre un cuentecillo es una pequeña derrota de la poesía sobre la prosa de la vida.

Pero no es demasiado tarde. Es más, la belleza de esta revolución radica precisamente en su simplicidad: empieza con el próximo niño que encuentres y termina con un mundo que ha aprendido a aplaudir por las cosas correctas.

Porque, al final, de esto se trata: enseñar a la humanidad qué merece nuestros aplausos. Y si esto no es el más noble de los artes, ¿qué podría serlo jamás?

«Cada vez que un adulto cuenta un cuentecillo con pasión en lugar de ofrecer un caramelo con distracción, el mundo se vuelve un lugar ligeramente más poético. Y cuando el mundo se vuelve más poético, todo se vuelve posible.»

Un padre que entrega a su niña un kinder sorpresa

Pedagogía del consumo en acción: mientras el padre ofrece el premio, la niña ya aplaude, demostrando cómo el condicionamiento precede al objeto mismo.

Las palabras también tienen dueño.
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Mauro Bonello
Mauro Bonello es formador y coach certificado con casi 30 años de experiencia. Promotor y curador de iniciativas editoriales, se desempeña también como brand ambassador de Primum Movens. Actualmente es el director responsable de GOTA, la revista cultural digital dedicada al crecimiento personal, la reflexión y el bienestar.




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2 Comentarios

Avatar de Gota
en 10/06/2025

¿Recuerdas cuál era tu ‘premio’ favorito cuando eras niño? ¿Era algo material o había alguna experiencia que te emocionaba más? Cuéntanos en los comentarios

en 10/06/2025

Wow me encanta la idea 👏



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